No soy ni el quién ni el cuándo, ni el cómo ni el por qué. Ni sé, ni dejé de saber.
Es el temblor de unas catacumbas lo que despierta mis sentidos, y puede con todo. Con los días densos y pesados que, como decía El extranjero, se deslizan y se superponen unos sobre otros, y acabas perdiendo la noción de un tiempo real, que existe pero que no se puede palpar, que se degusta durante un ínfimo instante (siempre lo es, no hacía falta señalarlo) para luego abrir el puño y dejarlo escapar. Aun con los impedimentos físicos, las cadenas y las puertas cerradas que pudieras fabricar, volvería a fugarse como una exquisita noche de verano, dejando tras de sí un aroma turbio, un olor a desazón y pesadumbre, un ligero cosquilleo que hace que vibren tus cuerdas vocales para que, al fin, sobre tus labios se deslice un "más".
Es el temblor de unas catacumbas lo que despierta mis sentidos, y puede con todo. Con los días densos y pesados que, como decía El extranjero, se deslizan y se superponen unos sobre otros, y acabas perdiendo la noción de un tiempo real, que existe pero que no se puede palpar, que se degusta durante un ínfimo instante (siempre lo es, no hacía falta señalarlo) para luego abrir el puño y dejarlo escapar. Aun con los impedimentos físicos, las cadenas y las puertas cerradas que pudieras fabricar, volvería a fugarse como una exquisita noche de verano, dejando tras de sí un aroma turbio, un olor a desazón y pesadumbre, un ligero cosquilleo que hace que vibren tus cuerdas vocales para que, al fin, sobre tus labios se deslice un "más".

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